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Diferenciacion de los Regimenes de Crecimiento y de Gestion de la Reproduccion Social - Documentos de debate no. 3
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Gestión de las Transformaciones Sociales - MOST

Documentos de debate - Nº 3

Also available in French and in English

Diferenciacion de los Regimenes de Crecimiento y de Gestion de la Reproduccion Social

por

Pascal Byé

Las opiniones expresadas en esta colección incumben a los autores y no reflejan necesariamente el punto de vista de la UNESCO.

© UNESCO


INDICE

INTRODUCCION

MARCO Y PROPOSITOS DEL ANALISIS

ALGUNOS TEMAS DE INVESTIGACION QUE CONVENDRIA PROFUNDIZAR REFERENCIAS


INTRODUCCION

Si bien la mundialización de la crisis económica ha confirmado la importancia de los fenómenos de interdependencia entre los países -del mismo modo en que anteriormente los habían puesto de relieve, por lo demás, los periodos de crecimiento- no habría que contentarse con nuevas formulaciones de la mundialización como las calificadas de "posfordismo"1 para aclarar lo que parece un fenómeno importante en sí, vale decir, la diferenciación de los regímenes de crecimiento y de las formas de dinámica social.

Resultaría, por ende, insuficiente describir estos fenómenos como meras disfunciones económicas o sociales situadas en torno a esas "grandes líneas de fuerza" y que serían la progresión o la regresión de las economías internacionales. Sería simplista no ver en esas diferenciaciones más que la habilidad de los Estados para utilizar las restricciones resultantes de la mundialización de las economías o de la difusión de las hegemonías políticas o culturales o la incapacidad de esos mismos Estados para sustraerse a esas restricciones. Igual de ilusorio sería creer -como lo demuestra la incapacidad de la comunidad internacional para resolver los conflictos proclamando a priori un interés general- que acuerdos consensuales adoptados entre los países para dirigir el planeta o resolver conflictos son operacionales porque son decretados, cuando no toman en consideración las realidades de la diversidad social.

Esta realidad, producto de la historia larga y de las múltiples iteraciones entre lo global y lo local, sigue siendo de todas formas más reconocida que explicada por las ciencias sociales. El propósito de este trabajo es contribuir a aclarar los fundamentos y las transformaciones de esas diversidades sociales a fin de movilizarlas en las políticas y las estrategias de desarrollo. Para alcanzar ese objetivo se insistirá en el método comparativo y en los periodos largos, y se dará la prioridad a la observación y la comprensión de las situaciones y los momentos en que esa diversidad se modela y se expresa más netamente. De esa manera se hará hincapié en la descripción minuciosa de los fenómenos iterativos y progresivos que conducen a la creación de nuevos itinerarios de desarrollo.

Marco y propósitos del análisis

Comprender la función de lo específico.

Durante demasiado tiempo el análisis de ciertos macrofenómenos considerados ineluctables (como la industrialización o la urbanización, el agotamiento de los recursos renovables, o la concentración del aparato productivo) ha llevado a considerar que lo específico no tendría sentido sino como producto de lo global. Nuestra hipótesis es, por el contrario, que lo específico también es resultado de la historia larga de sociedades particulares que el análisis no histórico o el que se refiere a periodos muy breves tiende a ocultar. El vigor del cambio correspondería al momento en que los efectos de lo global y lo particular se acumulan y no al momento en que están en pugna.

Ahora bien, aunque parecen fáciles de detectar, las diferenciaciones económicas y sociales son, en cambio, mucho más difíciles de interpretar. Del mismo modo en que, gracias a lo que ha progresado, la genética es capaz de multiplicar injertos y modificaciones genéticas y no tantas veces capaz de controlar las condiciones en que se expresan, las ciencias sociales han demostrado su capacidad para detectar y describir situaciones particulares -hasta minimizar, por lo demás, "la amplitud de las repercusiones de los procesos mundiales en las situaciones locales y regionales"- y, al mismo tiempo, su dificultad para integrar esos conocimientos en los modelos globales.

Hacer de estas ciencias de la observación ciencias de la acción supone, ante todo, tomar distancia para no dejarse cegar, sin más, por la diversidad sino para comprender su origen y significado; supone asimismo seleccionar algunos campos particulares de observación que constituyen verdaderos envites sociales. Comprender los procesos de industrialización, entender el grado de autonomía o de dependencia de los países por lo que respecta a su propio desarrollo, y hacer resaltar los fundamentos de las orientaciones de la ordenación de los recursos naturales y de la reproducción social, he aquí tres temas capitales que están ora demasiado globalizados para explicarlos ora demasiado detallados para utilizarlos.

Las ciencias sociales, que deberían movilizarse y no reducir sus ambiciones, tendrían que ser capaces de tomar parte en la elección de estrategias referentes a las políticas de industrialización, las opciones tecnológicas o las alternativas económicas. Con una base común de experiencias destinadas a comprender la forma en que se expresan en los hechos contemporáneos, permitirían articular una teorización de la singularidad y la aplicación concreta de políticas de desarrollo. Ese procedimiento supone optar por el enfoque comparativo y la pluridisciplinariedad para el análisis de momentos y situaciones en que se manifiestan las realidades de la diferenciación.

La elección de los momentos

Se plantea como hipótesis que las diferenciaciones en la dinámica económica y social aparecen principalmente en tres momentos de la historia de las sociedades, momentos que constituirán, por tanto, lugares privilegiados propuestos para la observación; son éstos:

la diferenciación de las actividades productivas, que marca una aceleración de la modificación de las formas de pensamiento, las referencias culturales o las organizaciones. La industrialización, por ejemplo, es una muestra de esa ruptura, verdadera aceleración del ritmo del cambio social;

la ampliación de las relaciones entre sociedades locales y mundiales con la internacionalización de los intercambios y la mundialización de las referencias sociales o culturales. Esta ampliación parece quebrar la noción de especificidad vinculada a la autarquía para rehabilitar las nociones de interconexión o interdependencia. La mundialización, expresión extrema de la pérdida de identidad cultural, parece oponerse a la localización más que combinarse con ella.

la nueva definición de las relaciones entre los seres humanos y la naturaleza, con el desarrollo de la urbanización, las industrias de extracción y la modernización de las actividades agrícolas. La dislocación de las sociedades agrarias construidas en torno a la noción de reproducción o de equilibrio entre el ser humano y la naturaleza, la nueva definición de los modelos de consumo alimentario, el desmembramiento de los espacios o de las organizaciones rurales son otras tantas ilustraciones significativas del cuestionamiento de la noción de durabilidad.

El análisis de los procesos iterativos que vinculan lo mundial a lo local

En función de las observaciones realizadas respecto a estos segmentos de la historia de las sociedades, trataremos de determinar de qué manera las diferenciaciones verificadas en los planos nacional o regional influyen en la evolución de esos tres grandes movimientos que son la industrialización, la internacionalización y la durabilidad. La descripción y la comprensión de los procesos iterativos que vinculan lo global a lo local, el macronivel al micronivel, la historia larga a los hechos inmediatos podrían aplicarse a la interpretación de las situaciones siguientes:

la combinación o la sucesión de las actividades productivas en los procesos de industrialización en el plano local o regional. Este tema remite a un viejo debate y es el que, en las teorías de desarrollo, opone la ineluctabilidad de las visiones centradas en las etapas a la de la variedad comprobada de los procesos de industrialización (véase la Sección 2.1);

los efectos inducidos por la mundialización de la crisis económica. Este tema permite poner de relieve las diferenciaciones registradas por lo que hace a la autonomía -la resistencia a los efectos de la crisis e inclusive la utilización de la crisis misma- o la dependencia -las condiciones de transmisión de los efectos de la crisis del centro a la periferia- (véase la Sección 2.2) de los Estados con respecto a los grandes choques económicos o los grandes conflictos bélicos.

la degradación de las relaciones entre el ser humano y la naturaleza y las opciones relativas a la ordenación de los recursos renovables y el medio ambiente. Este proceso ilustra la variedad y los límites de las prácticas de conservación y, más aún, las antinomias entre los regímenes de crecimiento y la voluntad frecuentemente expresada de instituir modelos de economía sostenible (véase la Sección 2.3).

Cada uno de estos temas es objeto de debates científicos. El programa contribuiría a nutrirlos y renovarlos. Más aún, en estos temas reposan las grandes opciones contemporáneas en materia de política de desarrollo: elección de las prioridades por lo que se refiere a la actividad productiva, elección de las opciones tecnológicas con respecto a la energía o a la gestión de los recursos renovables, elección de los acuerdos y las alianzas internacionales de política económica.

Algunos temas de investigación que convendría profundizar

La variedad de los procesos de industrialización

Las diferenciaciones observadas en el plano local en las combinaciones de actividades productivas cuestionan desde ya los enfoques centrados en las etapas y las visiones normativas del desarrollo resultantes de una visión globalizante y prescriptiva de la industrialización. Gracias a las actividades del programa MOST habría que pasar de la mera observación de esas diferencias a su significado a largo plazo, y ver, en particular en el plano científico, cómo se articulan los discursos sobre la globalización o la internacionalización con los que hacen hincapié, por el contrario, en la especificidad.

Una interpretación rápida de estas realidades contrastadas podría llevar a decir que el segundo movimiento sólo es, en una escala más local, una imagen desfasada en el tiempo de un movimiento ineluctable inducido por el primero. Así como el frío genera calor o la gran marejada entre dos olas da una impresión de calma momentánea, los regímenes de crecimiento se diversificarían pero permanecerían estrechamente ligados. Las diferenciaciones en cuanto a la industrialización no serían entonces sino el producto de un mismo fenómeno verificado en momentos diferentes de la historia. Las opciones en materia de industrialización se limitarían a estimar en qué momento de la historia de la transformación de los sistemas productivos, tomando en consideración un periodo largo, se encontraría el país.

Los países que antes comenzaron su crecimiento industrial deberían encontrar un nuevo impulso en los resortes de una sociedad postindustrial y una nueva división internacional del trabajo. En cambio los que salieron más tarde en esa carrera reproducirían, con algunos años o incluso con siglos de retraso, las mismas trayectorias: la destrucción de su agricultura para construir su industria (o la acogida de las industrias de los primeros que se trasladan a sus territorios) y la racionalización de la industria para ingresar en la sociedad de servicios. El comercio internacional se podría utilizar para desacelerar el proceso general o saltar etapas, pero habría cierta ineluctabilidad en el movimiento general, representada en sus formas más completas en las teorías de Rostov.

En esta perspectiva, la historia se moviliza para detectar en la escala del tiempo el trayecto recorrido o por recorrer y para medir las diferencias entre países. Las fórmulas que se deben seguir son, por lo tanto, fáciles de imaginar. Sabiendo que para todas hay una trayectoria única que recorrer, lo que hay que saber es qué vagón poner sobre los carriles para recorrer el máximo de camino en el mínimo de tiempo. Es ésta una visión simplista por cierto sobre la cual podría ser útil documentarse para cuestionar nuevamente las estrategias de industrialización. El recurso a la observación de larga duración debe servir para identificar las variables esenciales que se mantienen con el transcurso de los años y caracterizan los procesos de desarrollo.

Se podrían considerar prioritarios algunos temas como los siguientes:

La historia larga de la dinámica industrial

Una comparación entre los nuevos países industrializados y los países menos adelantados centrada, por ejemplo, en el análisis de larga duración de la relación entre agricultura e industria permitiría mostrar que para pasar de las sociedades tradicionales a las sociedades modernas no existe un solo camino -que, por consiguiente, sería normativo- sino una infinidad de caminos, de los que sería conveniente apreciar tanto las configuraciones específicas como las características constantes y la evolución. Por ejemplo, evaluar el papel de la agricultura en la creación y el fortalecimiento de la industria, el que, a medida que retrocedía, ha ido desempeñando en la financiación o la creación de empleos industriales, el de su contribución al comercio exterior, y el que ha cumplido en la creación de los poderes políticos o de las ideologías son vías posibles de análisis de las modificaciones en el curso de la historia de esta relación intersectorial.

La composición de las pequeñas y las medianas empresas

Sin que las pequeñas y las medianas empresas (PME) nunca hayan llegado a desaparecer a pesar de lo que se ha insistido, en los años de fuerte crecimiento económico, en la concentración y la monopolización por parte de los grandes grupos industriales o financieros, la función desempeñada por ellas en la producción de bienes y servicios nunca ha sido tan reconocida como durante los periodos de desaceleración o de crisis económica. En la actualidad se les atribuye una gran adaptabilidad a esta situación, y, al mismo tiempo, se propugna que sus dimensiones y organización son el modelo que se debe seguir en la industria. Se hace hincapié en sus condiciones particulares de funcionamiento, su localización geográfica y sectorial, su composición, sus orígenes, su cultura de empresa, y, sin embargo, se dan pocas explicaciones sobre las condiciones por las que han podido resistir y reproducirse, o, en otros términos, sobre su función en el desarrollo.

Aunque actualmente se reconoce su lugar en la dinámica social, muy a menudo su presencia sigue siendo considerada menos como una expresión de la dinámica particular de sociedades en recomposición o como la ilustración de "otro camino de crecimiento", para utilizar la expresión de Hernando de Soto, que como una mera etapa de la concentración industrial, comercial o bancaria. En otros términos, para muchos autores la concentración de las actividades productivas sigue siendo inevitable y las demás formas de organización no hacen más que precederla o seguirla.

Un análisis de la función de las PME en diferentes momentos de la industrialización permitiría progresar en la comprensión de los fundamentos y las relaciones que unen estas formas de organización a los mecanismos particulares del crecimiento local.

La fragmentación de los sistemas productivos y la uniformización de los sistemas de financiación y de información

El papel del capital financiero, por una parte, y el de los sistemas de información, por otra, se mencionan como explicación de la agravación de los problemas económicos, o por el contrario de su solución: agravación cuando la extremada volatilidad de los capitales dificulta la aplicación de políticas voluntaristas de desarrollo fundadas en las inversiones masivas o cuando la centralización de la información compromete la instauración de políticas locales, los sistemas financieros y los sistemas de información también pueden contribuir a la descentralización de las decisiones o a la flexibilidad de los aparatos productivos. Sería oportuno poder pronunciarse sobre estos hechos contrastados multiplicando las observaciones en estos campos.

¿La movilidad de los capitales y la de la información se opone sencillamente a la inercia de las inversiones productivas al reforzar únicamente el poder de los que manejan los primeros en detrimento de los que materializan las segundas? ¿Son los sistemas financieros y los sistemas de información solamente nuevos vectores de la hegemonía cultural y política o remiten a nuevas formas de organización de las sociedades? ¿Llevan sólo a reforzar la concentración y la uniformización o, por el contrario, son los instrumentos indispensables de un desarrollo descentralizado? ¿Pueden concebirse de otra manera para satisfacer objetivos diferentes de los de la globalización?

Podría recurrirse a los análisis existentes de la difusión internacional de los sistemas informáticos de gestión o de las consecuencias de las políticas de ajuste estructural y, como contrapartida, al análisis de los fracasos de estos sistemas uniformadores en determinados contextos multiculturales, de economía informal o de gran voluntad política en favor de un desarrollo autocentrado.

La resistencia a los efectos de la crisis económica mundial

Considerados en primer lugar como meras reacciones temporales de resistencia o de adaptación a las restricciones inducidas por la adopción de los modelos tecnicoeconómicos dominantes, no tardaron en aparecer otros modelos de producción, de solidaridad, de innovación o de gestión de los poderes, pero, ora como modelos de organización ocultados por los modelos de industrialización triunfante de los años de posguerra, ora como modelos que, propiciados por la crisis económica, anteceden a las sociedades postindustriales.

Esta aparición confirmaba la importancia de lo no mercantil en las relaciones sociales en las sociedades de los países del Sur, ponía de relieve, en las economías del Norte, el retroceso de valores estructurantes como el trabajo -ya en 1970 Yves Barel se refería a la desvalorización de este "gran organizador" en las sociedades occidentales- o las ideologías de progreso o de enriquecimiento material, y hacía manifiesta, en cambio, la importancia de estas formas de organización en la vitalidad de algunas sociedades urbanas o rurales o en las capacidades de adaptación de algunas actividades productivas a lo inmediato y a la incertidumbre.

Un análisis detenido y comparativo de estos modelos sociales constituye sin duda alguna un medio de renovar los modelos de interpretación de las dinámicas mundiales enriqueciéndolas con observaciones sobre la diversidad así como un medio de interrogarse sobre la capacidad de las políticas locales y sectoriales para integrar estas nuevas vías de crecimiento. Se podría, por ejemplo, estudiar el desarrollo y el significado de los siguientes fenómenos:

El desarrollo de la economía informal

La economía informal, parte integrante del desarrollo que se volvió a descubrir debido a la crisis económica, constituye una de las variables esenciales de las sociedades del Sur donde está asociada a la economía no monetaria y no solamente a las "economías de la pobreza". Más tardíamente se ha reconocido que es un componente importante de redespliegue de las economías del Norte afectadas por el desempleo, los traslados industriales y la rigidez estatal. Elemento de supervivencia para muchos, o sencillo factor de ajuste y de flexibilidad ante limitaciones particulares para otros, la economía informal constituye un verdadero laboratorio social en que se elaboran nuevas formas de vida, de trabajo, de solidaridad y de intercambio. Por esta doble condición, se justifica el interés cada vez mayor que le atribuyen los investigadores de ciencias sociales. La confrontación de las observaciones hechas en diferentes momentos de la historia de las sociedades rurales, industriales o urbanas permitiría progresar en el conocimiento de sus funciones y su futuro.

Los ajustes internos a las restricciones externas

Lo drástico de las medidas de ajuste estructural como las relacionadas con la desestructuración de las sociedades tradicionales o con los conflictos ha golpeado brutalmente a buena cantidad de países del Sur. Como son más progresivos por estar parcialmente paliados por las políticas de regulación social, los choques sociales vinculados con el cese de actividades, con los despidos o los traslados industriales, por una parte, y con la creciente marginación de segmentos enteros de población urbana, por otra, también han afectado a los países considerados más adelantados. La mundialización de las economías, al acentuar la competencia, acelerar la destrucción de los sistemas de valores nacionales, favorecer la migración de seres humanos y de ideas, ha acentuado los efectos negativos de crisis localizadas. Hay quienes han visto en ello las premisas del desencadenamiento de catástrofes sociales graves que ponen en tela de juicio la organización misma de las sociedades democráticas: explosión social de las zonas suburbanas, sublevación de los desempleados, quiebra del seguro social, desestabilización de los sistemas financieros en las democracias occidentales, agravación de las situaciones de desnutrición, desarrollo de fenómenos asimilables a los procedimientos de la mafia, tensiones étnicas y violencias de todo tipo que provocan una multiplicación de las zonas de inseguridad.

Pero, mientras en todo el mundo se van ampliando los efectos desestructurantes inducidos por la inestabilidad y la creciente incertidumbre, también parece instaurarse una gran variedad de comportamientos y ajustes nuevos que son "verdaderos amortiguadores sociales" de los choques mencionados anteriormente. Frecuentemente pasados por alto en los análisis globales, éstos constituyen indudablemente una base del funcionamiento de las economías afectadas por la crisis económica, y podrían ser asimismo el punto de partida de nuevas organizaciones. Merecería profundizarse el análisis de tres de ellos:

el comportamiento de los consumidores en las situaciones de gran inestabilidad monetaria o financiera: comportamiento de los asalariados en los periodos de hiperinflación; comportamiento de los inversores en los periodos de gran especulación financiera; comportamiento respecto al sobreendeudamiento, y comportamiento respecto al ahorro;

la instauración de nuevas formas de solidaridad entre individuos que a menudo forman parte de un universo no mercantil: intercambios y cesión de conocimientos técnicos, despliegue de la solidaridad familiar, nuevo impulso a las relaciones entre la ciudad y el campo, recaudación colectiva de fondos para la financiación de proyectos;

la adaptación de las técnicas predominantes a las especificidades locales y sectoriales: nuevas formas de aprendizaje, incorporación de las técnicas tradicionales en técnicas nuevas, nuevas utilizaciones y finalidades de las técnicas existentes, rechazo de técnicas inadaptadas a los contextos locales, etc.

Especificidades étnicas y culturales y actividad económica

En los últimos años el análisis económico normal ha tendido demasiado a fundar la actividad de las economías o los productores en una gama de variables relativamente sencillas: la productividad de los factores, el acceso a los mercados o a factores estratégicos, las estructuras de producción, la innovación, tanto más cuanto ese análisis ha tratado de formalizar esas ventajas comparativas recurriendo a la cuantificación y a la elaboración de modelos. Volviendo a tomar en consideración la función de las instituciones, los economistas de la regulación han enriquecido considerablemente estos enfoques, aunque todavía no han llegado a integrar la función de las variables étnicas y culturales en la actividad económica.

El objetivo de esta parte podría ser, en primer lugar, reunir el material necesario para estudiar detenidamente las relaciones existentes entre el desarrollo económico y las especificidades étnicas y culturales. Parece oportuno alejarse del economicismo ambiente a fin de evaluar la función que desempeñan, en particular:

las manifestaciones de solidaridad étnica. Parecen haber facilitado ya la circulación de bienes y servicios o la financiación de operaciones industriales y comerciales. Valgan los ejemplos de la función de la diáspora china en los buenos resultados obtenidos por las pequeñas y medianas empresas industriales localizadas en Asia sudoriental en materia de exportaciones o el de los comerciantes yorubas o hausas en las transacciones fronterizas en Africa occidental;

las capacidades de sincretismo cultural. Estas capacidades serían un elemento importante de la asimilación de culturas exteriores y de las transferencias y adaptaciones de técnicas existentes a contextos locales;

las ideologías, las creencias o las prácticas religiosas. Más o menos abiertas hacia la modernidad y el espíritu de empresa, desempeñan una considerable función en los cambios tecnológicos y las reestructuraciones de las actividades productivas.

En términos más generales, multiplicando ejemplos y monografías sobre estos temas particulares se procurará evaluar mejor las relaciones existentes entre los ritmos y las formas de desarrollo y las tradiciones étnicas y culturales.

De la ordenación de los recursos renovables a la noción de economía sostenible

Paradójicamente, los problemas relacionados con el agotamiento de los recursos naturales y la mala gestión de estos bienes comunes de la humanidad, fenómenos profundamente vinculados a las nociones de equilibrio y localización, fueron planteados en primer lugar en contextos de desequilibrio y, desde un comienzo, a escala mundial.

Desde los informes del Club de Roma, publicados en época de plena crisis petrolera, pasando por el ulterior planteamiento de los problemas de la contaminación del mar, del agua y de la atmósfera, hasta la Conferencia de Río sobre el futuro de nuestro planeta, estas medidas globalizantes parecen haber querido pasar por alto que cuestiones tan graves como las del control de la biosfera o el aprovechamiento de la geosfera se plantean ante todo en el plano de los Estados. Naturalmente la consecuencia ha sido que se ha tratado de lograr la adhesión a textos a menudo dictados por los más poderosos o a proclamar normas universales de protección ambiental antes de considerar la capacidad de cada Estado para aplicarlas y respetarlas.

Estas preocupaciones por la conservación también han contribuido a confirmar la dependencia de las sociedades industriales respecto de los ecosistemas naturales y a rehabilitar, de esa manera, el concepto de reproductibilidad que, paulatinamente, ha conducido a la noción de economía sostenible.

Más allá de la aparición paradójica, en pleno periodo de inestabilidad, de conceptos relacionados con la permanencia y la estabilidad, podría ser oportuno destacar las relaciones existentes, en periodos largos, entre la permanencia y el cambio, el desequilibrio y el nuevo equilibrio, los choques y el retorno a la estabilidad, a fin de apreciar mejor las condiciones en que tiene lugar la reproducción social. Sugerimos tres campos de observación: las condiciones de producción y transmisión de las prácticas de conservación; la permanencia de las costumbres en los patrones de consumo, y la función de las normas y los reglamentos en el redespliegue de las actividades productivas.

Producción y transmisión de las prácticas de conservación

Con su innegable eficacia, el hecho de que las técnicas agrícolas y alimentarias se hayan vuelto más artificiales y, en términos más generales, la racionalización de las técnicas de explotación de los recursos naturales, han ocultado que parte de su rendimiento reposaba en que no aseguraban la reproducción del capital de naturaleza que utilizaban para su propio funcionamiento.

La rehabilitación de técnicas de conservación como la agricultura orgánica, que maneja mejor los recursos naturales al igual que las industrias de reciclado o las nuevas tecnologías que economizan energía o son menos contaminantes, es una reacción de la modernidad ante el descontrol de las sociedades industriales. A menudo estas reacciones no hacen más que volver a utilizar prácticas productivas heredadas de la tradición o la autarquía. Se las podría calificar de "conservacionistas" sin considerar por ello que no evolucionen. Abundan los ejemplos en todas las prácticas de aprovechamiento del medio natural: administración de los perímetros forestales, de los territorios de pesca y caza, de los calendarios de cultivos, ordenación del agua y de las tierras. Todas esas prácticas tienen en común la preocupación por la reproducción y se esfuerzan por conciliar el aprovechamiento y la restitución mediante el uso o las reglas sociales. No por ello son algo rígido, como lo demuestran las selecciones de variedades animales o vegetales, la modificación de las prácticas de cultivo, la extensión de los territorios cultivados o de las zonas irrigadas. Uno de los intereses del análisis que podría tomar como punto de partida los muchos inventarios elaborados en estos diferentes campos sería mostrar bajo qué influencias y por qué medio evolucionan en el tiempo estas técnicas de conservación: ¿cómo se transmiten de un periodo a otro? ¿cuáles son sus límites y sus posiciones hoy dentro de la gama de técnicas disponibles? o si pueden o no ser "reactivadas" en el marco de nuevos conjuntos de técnicas que respeten la naturaleza y el medio ambiente.

Permanencia de los patrones de consumo

Tras haber destacado la innegable progresión de un modelo de consumo mundial fundado en la uniformización y la estandarización de los productos industriales, la mayoría de los agentes que en la actualidad tienen que hacer frente a una creciente competencia internacional hoy subrayan por el contrario -sin duda para justificar políticas de aprovechamiento de espacios o de diferenciación de los mercados o para contar con una protección particular- la importancia de las especificidades en la conducta de los consumidores. La diversificación de los modelos de consumo no sería únicamente el fruto de una historia larga sino que traduciría, como ya se ha recalcado, las múltiples formas de adaptación de los consumidores a las condiciones de vida y de trabajo en que se encuentran.

Más que en los cambios relacionados, entre otras cosas, con la urbanización y con el paso a la monetarización, que han sido objeto de muchos estudios, convendría hacer hincapié en la permanencia o la inercia relativas de los modelos de consumo, con dos objetivos: por una parte, estas conductas son rehabilitadas o inventadas nuevamente en las situaciones de crisis o de dificultad económica en que se halla un número de países y, como conductas remanentes, inclusive pueden aparecer a veces como una expresión extremada de modernidad. Por otra parte, saber exactamente cómo operan estos comportamientos constituye una ventaja para volver a definir políticas no convencionales que permitan cubrir las necesidades esenciales de bienes o servicios, y un medio de diversificación de las estrategias comerciales o industriales de los agentes económicos del sector privado.

Se podría, por ejemplo, evaluar la permanencia de los hábitos y los patrones de consumo alimentario tradicionales para hacer coincidir mejor los objetivos de las políticas mundiales - política agrícola, política de importación de productos agroalimentarios, o política de seguridad alimentaria- con las exigencias inducidas por el crecimiento demográfico o el aumento de la renta urbana. En términos más generales, pero siempre atentos a las especificidades regionales, históricas y culturales, y con el mismo propósito, se podría tratar de identificar las variables que sustentan esta inercia relativa del comportamiento de los consumidores.

Norma ambiental y redistribución industrial

Las normas y los reglamentos ambientales, decretados en principio para reducir los efectos perversos de la explotación incontrolada de la geosfera y la biosfera no tienen por único efecto el bloqueo de las opciones tecnológicas e industriales que se han escogido hasta entonces. También se les reconoce cierta capacidad de definir nuevamente las condiciones del crecimiento y de contribuir al redespliegue de las actividades productivas, y, por último, de intervenir de manera importante en las condiciones de la competencia internacional.

Innegablemente los criterios utilizados, por ejemplo, para definir la calidad alimentaria influyen en la aparición de algunos procedimientos en detrimento de otros considerados peligrosos para la salud humana y toman parte en la reorientación de los aparatos de transformación hacia alimentos más seguros y más sanos, pero también se movilizan para reforzar las estrategias monopolistas y los regímenes proteccionistas. De la misma manera se puede hacer referencia a las medidas que tienden a hacer pagar a precios reales lo que hasta ahora se consideraba como bien común de la humanidad: la pureza del aire, la del agua o la diversidad de las especies genéticas. En el campo industrial, la creciente necesidad de reciclado o de la destrucción de los desechos corresponde a nuevas restricciones pero también abre nuevos campos de diversificación.

Más allá de los casos particulares, sería útil ahondar, mediante inventarios y nuevas tipologías, el análisis de las diferenciaciones en materia de desarrollo inducidas por esas reglamentaciones.


REFERENCIAS

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de Soto Hernando - L'autre sentier: La révolution informelle dans le Tiers monde - La Découverte - París, 1994.

Marsden K. Terry y Arce Alberto - Globalization of Agriculture and Food - Working Paper Series - The University of Hull - The Agricultural University Wageningen - Países Bajos.


El autor

Pascal Byé es Director de Investigación en el Instituto Nacional de Investigación Agronómica de Montpellier, Departamento de Economía y Sociología Rurales. El profesor Byé trabaja desde hace varios años en el análisis del cambio tecnológico inducido en particular por la modificación de las relaciones entre la agricultura y la industria. En la actualidad se vale principalmente de enfoques comparativos para estudiar los procesos de diferenciación de los regímenes de crecimiento.


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