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MOST Publicación - Latinoamérica: Países abiertos, ciudades cerradas
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Latinoamérica: Países abiertos, ciudades cerradas

Latinoamérica:
países abiertos, ciudades cerradas

Luis Felipe Cabrales Barajas
(coordinador)

UNESCO / Universidad de Guadalajara, 2002

ISBN 970-27-0194-5




 

En el marco del aniversario de los 30 años de apertura la
UNIVERSIDAD NACIONAL DE LUJÁN

INVITA A LA PRESENTACIÓN DEL LIBRO

LATINOAMÉRICA: PAÍSES ABIERTOS, CIUDADES CERRADAS

de Luis Felipe Cabrales Barajas (coordinador)
Editado por la UNIVERSIDAD DE GUADALAJARA - UNESCO

Presentan: Elena Chiozza y Luis J. Grossman

Los espacios urbanos cerrados, son una forma particular del urbanismo occidental de comienzos del siglo XX que, en los últimos años, presentan un auge sin precedentes en nuestros países. Latinoamérica: países abiertos, ciudades cerradas explica esta forma particular del hábitat urbano contemporáneo y ofrece la ocasión para reflexionar sobre estos espacios, analizar sus sentidos, sus efectos y vislumbrar propuestas alternativas. Como valor añadido a la reflexión, este volumen constituye un puente cultural entre la lengua española y la portuguesa, y reúne en una misma mesa de debates a investigadores latinoamericanos y europeos.

Martes 12 de noviembre, a las 18 horas
Sala de Conferencias de la sede Luján
Ecuador 871, Ciudad Autónoma de Buenos Aires


Latinoamérica: países abiertos, ciudades cerradas

Prólogo

Los espacios residenciales cerrados, llamados, según el lugar, urbanizaciones, fraccionamientos, loteamientos, o enclaves cerrados, gated communities, o country clubs , es una forma particular del urbanismo occidental que existe desde principios del siglo pasado pero que observa un auge sólo a partir de las últimas décadas. El libro-coloquio que aquí se presenta, explica ésta forma particular del hábitat urbano contemporáneo principalmente en ciudades de América Latina, lo cual ofrece la ocasión para reflexionar sobre este espacio, analizar sus sentidos y sus efectos y vislumbrar propuestas alternativas.

En la actualidad, son más frecuentes las ocasiones que tenemos de tropezar ante las murallas de las urbanizaciones cerradas, como escasas son las oportunidades de encontrarnos ante análisis serios sobre los fenómenos que atañen las sociedades contemporáneas desde sus componentes sociales, políticos y culturales. Esta es la primera razón por la cual la UNESCO, desde su Programa "Gestión de las Transformaciones Sociales" (MOST), saluda con respeto y apoya con interés ésta excelente iniciativa del Departamento de Geografía y Ordenación Territorial del Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades de la Universidad de Guadalajara.

El libro responde en gran medida a tres preguntas esenciales respecto a las formas urbanas que trata: ¿Porqué su apogeo y aparente consolidación durante las ultimas décadas? ¿Qué significa socialmente la aparición de éste hábitat en nuestras ciudades? ¿A qué desarrollo urbano, a qué urbanismo y a qué proyecto de sociedad obedecen?

1. Relación espacio-sociedad

El espacio urbano -y sus formas particulares de ciudades y de hábitat- no es un objeto en sí, sino el resultado de procesos complejos y con múltiples centros de generación. Este resultado reviste la forma de la sociedad que lo crea, lo cual implica que al menos tres dimensiones lo caracterizan: la política, la cultural y la económica. Así, a la vez que las sociedades conforman sus espacios, las formas resultantes nos ayudan a conocer los valores, lógicas, fuerzas y relaciones de poder que las animan.

Por otra parte, las ciencias sociales y humanas son la fuente esencial del conocimiento de tales interpretaciones. Pero el trabajo de observación, análisis y comprensión de las formas urbanas a los que accedemos gracias a sus métodos y teorías, nos interesa en la medida en que podemos intervenir en el curso de los procesos que las producen. Esto presenta sin embargo, al menos tres desafíos dignos de tomarse en cuenta.

El primero es técnico. El urbanismo, la arquitectura y los mecanismos de ordenación territorial, con sus instrumentos de concepción y de planificación, y ayudados por las ciencias sociales y humanas, nos pueden dar las herramientas necesarias para proponer estrategias de cambio y alcanzar los objetivos deseados. El segundo reto, implica tratar de relacionar con éxito la producción de conocimientos científicos, la aplicación técnica y la toma de decisiones. Es decir, que esa perspectiva de posibilidades que se abre con las ciencias, las técnicas y las artes, se encausa en un punto focal único: el de las políticas urbanas, como dispositivos susceptibles de guiar -racional y democráticamente- las opciones que una sociedad se quiere dar en los espacios que va edificando. El tercer desafío es de orden ético, pues se trata de garantizar la consecución de los principios, ideales y valores que persigue el proyecto histórico de una sociedad. Naturalmente, esto supone que tales valores, claramente determinados y compartidos, constituyen el fundamento de la vida pública, de la Política con mayúscula...

La UNESCO, desde su vocación universal defiende una concepción plural de la vida urbana y promueve la constitución de lugares de solidaridad y de civilidad en sus dos acepciones, la de urbanidad, que se refiere a la convivencia, la apertura y a la combinación creativa de todas las diversidades sociales, culturales y étnicas, y la de vida cívica, que se refiere a la democracia.

Es aquí encontramos la fascinante dialéctica espacio-sociedad: la ciudad ideal, aquella a la que tendemos desde los valores y derechos universales, es en la que se construye a partir del ejercicio ciudadano de todos sus habitantes. Al mismo tiempo, hay lugares urbanos que pueden erigirse para contribuir al establecimiento de vínculos entre los individuos y el Estado, con sus derechos y obligaciones, es decir, para la formación de la ciudadanía. En este sentido, el espacio urbano y su espacio público, aparecen esencialmente como un fenómeno político por el cual el ciudadano habita la ciudad y es admitido a ejercer sus derechos políticos.

La fuerza del mensaje de la UNESCO respecto al urbanismo radica, de esta manera, en dos puntos principales: el reconocimiento de la diversidad como base del aprendizaje de la convivencia entre grupos sociales diferentes, y la necesidad de la democracia como sustento de la dimensión política. "Humanizar la ciudad", el lema que la UNESCO llevó a la "Cumbre de las Ciudades" (Hábitat II) en 1996, significa dos cosas: luchar por restituir a todos los ciudadanos el protagonismo que les ha usurpado la economía de la mundialización, y fomentar el desarrollo de nuevas fuerzas sociales capaces de luchar contra todas formas de opresión y de dominación.

Es en este marco axiológico y estratégico donde se sitúa nuestro interés por el estudio y la comprensión de la ciudad como lugar de transformaciones sociales y de los nuevos fenómenos urbanos, como son los espacios residenciales cerrados en América Latina.

2. Urbanización y transformaciones sociales

En la era presente, la urbanización es la forma más común de vida social. Tres elementos parecen caracterizar particularmente el proceso de urbanización mundial. Primero, la exacerbación de la concentración demográfica y de los movimientos migratorios en fragmentos de territorios nacionales e internacionales. Segundo, los profundos cambios inducidos por los adelantos tecnológicos y por la "mundialización económica", que tiende a distraer los propósitos democráticos y ciudadanos en los que se basa la sociedad. Tercero, la agravación de la segregación social del espacio, con sus tendencias discriminatorias de los grupos sociales indigentes, cada día más numerosos.

Los cambios que el neoliberalismo viene incitando, modifica las condiciones del espacio urbano, imponiéndole nuevas disparidades. Como se menciona en este libro, estos cambios se refieren principalmente a la flexibilización del trabajo, a la polarización social de la riqueza y el poder, a la retracción del Estado y de las funciones del gobierno, a la privatización de servicios y del suelo, y en términos generales, a la desregulación de lo urbano por una disminución cualitativa de las políticas sociales. La reforma del Estado consiste entre otras cosas, en procurar indiscriminadamente la inversión privada sobre el espacio y los bienes urbanos. Desde entonces, el mercado inmobiliario aparece como el protagonista del desarrollo urbano.

La estructura especulativa y el mercado del suelo urbano son determinantes de la concentración selectiva de grupos sociales. Varios autores afirman aquí con razón que la segregación socio-espacial es un fenómeno característico de la urbanización. Particularmente, la ciudad latinoamericana se ha construido históricamente en base a fragmentaciones territoriales y a la segregación. En ambas, se reflejan las relaciones del poder de sus sociedades, mismas que pueden revestir una gran variedad a lo largo de la historia.

Las urbanizaciones cerradas aparecen como paradigmáticas, presentando un interés ineludible en tanto que son expresiones de nuevos modelos de segregación social del espacio en plena propagación. Estas formas particulares de hábitat segregacionista son tolerados por las autoridades locales, impulsados por los promotores inmobiliarios y por los técnicos de la concepción y de la construcción del espacio, y aceptados aparentemente con satisfacción por sus usuarios. Forman parte de una nueva topología edilicia que pueden compartir, según algunos autores del libro, las mismas características con los malls o centros comerciales, parques temáticos y otros espacios de consumo regido por "imágenes corporativas" (o corporate identity). Esta tipología manifiesta sobre todo una manera particular de concebir la ciudad, de desarrollarla, administrarla y de practicar un cierto urbanismo.

Los espacios residenciales exclusivos de las ciudades aquí analizadas, tienen rasgos físicos e históricos claramente mostrados en este libro. Respecto a la estructura urbana, una de sus notas constitutivas más impresionantes, es su baja densidad de ocupación. Por ejemplo, en la periferia de Buenos Aires, 300 urbanizaciones cerradas abrigan 30.000 habitantes y ocupan 20.000 Has, superficie equivalente a la ciudad de BA, pero con solo el 1% de su población (Tella y Welch).

Se trata así de un tipo morfológico residencial urbano privado que establece reglas precisas de usos del suelo, de edificación y de convivencia, separado del entorno urbano por dispositivos de seguridad físicos y organizativos, respondiendo a una "segregación voluntaria". Pero sobre todo, reflejan una transformación sociocultural más profunda. ¿A qué propósitos o ideales obedecen estas formas urbanas en expansión? Algunos autores del libro advierten atinadamente que estos "simulacros de seguridad y de distinción" (Méndez Sainz), significan de hecho una "copia sin original, la reconstrucción de una realidad –sin disturbios ni inconvenientes– que nunca ha existido" (Ickx).

Se ponen así de relieve, con la segregación social del espacio ya mencionada, otros dos elementos fundamentales de la problemática que nos ocupa: la seguridad y la privatización. El primero es el pretexto del segundo. Este hábitat se legitima socialmente por una necesidad de seguridad, lo que lleva a sus habitantes a desligarse del espacio social con el cual ya no se identifican, o del cual quieren y pueden separarse, creando islas protegidas donde se puede estar tranquilo por la homogeneidad del "nosotros intra-clase". De ésta separación voluntaria, se pueden derivar al menos dos consecuencias: la privatización individualista y el desprecio por la alteridad. Cuando una sociedad se refugia en estos principios, camina en sentido opuesto de la búsqueda de soluciones ante los embates de la desagregación social. Llegamos así a la alternativa promisoria de cohesión social del espacio, de la que las urbanizaciones cerradas se alejan principalmente por motivos aparentes de seguridad.

No hay que olvidar las principales causas que afectan la cohesión social en las ciudades de América Latina: la polarización de la riqueza, la pauperización creciente de la población, la represión política, las practicas mafiosas y el tráfico de droga. Estos fenómenos son ciertamente estructurales y la segregación social, uno de sus efectos. De una cohesión social resquebrajada, no se puede esperar una convivencia armoniosa, sino precisamente inseguridad, sin embargo, el argumento defensivo es la clásica legitimación del repliegue como modo de vida ante los embates del miedo y de la criminalidad. Una vez esto aceptado, sabemos el peligro que se instalen en la sociedad, por procesos ideológicos similares, totalitarismos políticos, creación de distancias necesarias, excluyentes de toda aceptación de la diferencia. Recordemos que la "necesidad de seguridad" fue lo que detonó recientemente el aumento de votos a favor de la extrema derecha durante la primera vuelta de las elecciones presidenciales en Francia. Es así como se puede renunciar trágicamente al respeto al otro, al proceso de libertad, con uno de sus más perversos resultados: la tendencia que se observa en las ciudades de todo el mundo, a la disolución del espacio público.

3. Espacio privado-espacio público

Los fenómenos considerados por los artículos de este libro sobre el espacio privatizado en ciudades de América Latina y de España, suponen representaciones específicas de la vida urbana. No solamente estas representaciones prefieren la seguridad a la libertad, sino también la clausura a la apertura, el "nosotros" a "los otros"; optan también por las adopción de normas de elites mundializadas -lifestyle communitie-, antes que por el desarrollo las prácticas vernáculas, diversas y plurales. Privilegiando sobre todo el individualismo, ésta concepción de la vida urbana desatiende la relación entre los espacios público y privado, lugar donde se pueden desarrollar dinámicas de integración y de cohesión social.

Si consideramos que el urbanismo contemporáneo se caracteriza esencialmente por dos factores: la fragmentación y la privatización de sus partes, como lo demuestra la existencia del hábitat que nos ocupa, esto favorece también la casi desaparición del espacio público como espacio de ciudadanía. Ideal e inversamente, la ciudad que permite estructurar las prácticas sociales alrededor del espacio público, es aquélla que optimiza las oportunidades de contacto, la que apuesta por la diversidad, por la combinación funcional y social, y la que multiplica espacios de encuentro.

Así, cuando se considera que una de las principales calidades sociales del espacio urbano es la de ser un espacio cívico, esto nos refiere, en términos territoriales, al espacio público, que constituye el cimiento de la vida urbana desde la dimensión política de esta última. El espacio residencial cerrado se opone así al espacio público. El primer extremo de esta oposición se distingue por la necesidad particular de seguridad: el segundo, por la necesidad social de apertura a todos los individuos de cualquier cultura o nivel social.

Si el espacio público es requisito de la urbanidad o de la civilidad, es principalmente por su calidad pedagógica. Es el lugar por excelencia del aprendizaje de la alteridad y de la intermediación. De la alteridad, por la presencia simultanea de la figura del otro y de la del mismo, lazo que une en la separación, mantiene juntos elementos heterogéneos y refleja el ideal del "vivir juntos"; desde la convivencia plural y la socialización que éste espacio posibilita; en él puede reconocerse el individuo como miembro de una sociedad, en las diferencias como en las semejanzas con el otro, todo esto, además, dentro del anonimato que caracteriza la vida urbana. Finalmente, de la intermediación, pues es un espacio que, inscribiéndose a la vez en lo físico como en lo político, tiene una carga simbólica de captación y difusión de sentidos y de valores dados por los habitantes en base a pactos sociales; se convierte así en el escenario de reajustes permanentes entre normas y transgresiones, y puede contribuir al encuentro para facilitar los procesos de negociación, por ejemplo, entre el sector público y el privado, una de los condiciones del urbanismo contemporáneo. En este mismo sentido, Valenzuela apunta en su artículo que si vemos el espacio como lugar donde se inscribe el orden social, el control que permite, debiera resultar de un compromiso entre los intereses individuales para asegurar la convivencia pacífica, garantizando el bienestar común y no sólo el de unos cuantos.

4. Estructura urbana

El hábitat cerrado muestra otros aspectos importantes en términos urbanísticos. El primero es el desarrollo de un urbanismo que se practica por proyectos aislados, en lugar del que pueda existir desde el punto de vista general y estructural, tomando en cuenta la ciudad en su conjunto y como forma social. El segundo, que va con el anterior, revela un modelo de la estructura urbana basada principalmente en dos conjuntos de constituyentes físicos: Por una parte, tenemos las bajas densidades de construcción y la minimización de los coeficientes de ocupación del espacio, que no sólo abre las puertas al nuevo mercado de servicios infraestructurales y de equipamientos privados de ocio, sino que también mantiene la importancia de la plusvalía del suelo y de la promoción inmobiliaria como agentes rectores del desarrollo urbano. Por la otra parte, tenemos el recurso al uso de automóviles -otro importante sector del mercado transnacional- y la construcción colateral de redes vehiculares como generatrices de la forma urbana.

Con esto se ponen de manifiesto los valores que rigen al urbanismo actual y el papel que pueden jugar el ordenamiento del territorio como factor de control de las relaciones sociales en el espacio, y el diseño del espacio como procedimiento social, tal como lo señalan aquí algunos autores. El impulso del hábitat cerrado que se observa en las ciudades contemporáneas aquí examinadas, significa también las opciones de política urbana actualmente practicada. Esta política del laisser faire, privilegia los intereses particulares sobre los generales, la diferenciación social sobre la regulación política, el espacio individual sobre el espacio público, la protección sobre la negociación de diferencias y conflictos: no se va contra la inseguridad aislándose en paraísos artificiales, sino construyendo vías de integración y de cohesión sociales.

Es en éste marco que las políticas de desarrollo urbano y la planificación urbana pueden recobrar toda su importancia. Podemos entonces preguntarnos: ¿Qué papel pueden aceptar jugar el Estado y la planificación, ante la proliferación de éstas nuevas formas de vida urbana, que tienen por otra parte consecuencias graves para la sociedad y para la estructura urbanas? Llegamos así a la necesaria función de regulación del Estado. En el contexto de lo dicho, el Estado en todos sus niveles, sin olvidar por supuesto la autoridad local, tiene el deber de actuar de acuerdo con una ética de responsabilidad social respecto a la producción, gestión y distribución de los bienes públicos.

Si la democracia local y la identidad ciudadana proceden esencialmente de la condición urbana, esto no puede realizarse más que si el gobierno de la ciudad favorece, posibilita, vigila y regula la formación de una sociedad urbana responsable en todos sus componentes. En todo caso, uno de los principales desafíos que puede encontrar tal política urbana, es la de establecer equilibrios a partir del ejercicio de negociaciones entre lo público y lo privado, más que seguir apoyando principalmente los intereses privados sin regulación. Esto significa que la incorporación del sector privado a la prestación de servicios públicos, debería acompañarse de criterios políticos, técnicos y sociales. Como se analiza en el caso español, deben ponerse claramente límites entre la permisividad y la ilegalidad.

Así pues, la producción de las nuevas formas urbanas que se analizan aquí, se relacionan directamente con la necesaria recomposición de otro aspecto del espacio público, el de las relaciones entre los sectores público y privado para la gestión y el desarrollo urbano. Por ejemplo, la relación con los servicios municipales y con la contribución pública (impuestos) ha cambiado sustancialmente, desde que se permiten las privatizaciones en la ciudad sin regulación. Esto trae peligros claros, pues cuando se favorece el desarrollo de los bienes privados sobre el del bien común, una sociedad renuncia a regirse por principios de equidad, privilegiando la segregación sobre la cohesión en el espacio y en la sociedad.

Más aún, si se propone que la piedra angular del urbanismo sean las políticas urbanas, éstas deben basarse al menos, en dos condiciones: estar democráticamente aprobadas y afirmar rotundamente, en la práctica y en la orientación, la importancia de regulación que pueda jugar el Estado en el desarrollo urbano. Esto es ahora más que nunca cuestión de negociación, de compromisos y de acuerdos para lograr la aceptación de la mayoría y no sólo de los que mantienen el poder económico o técnico.

El urbanismo tal y como se practica en nuestras ciudades, tiende a operar sin continuidad ni coherencia, urgido por factores ajenos al interés público, interviene de manera sectorial, atendiendo proyectos aislados y no problemas estructurales por resolver. Esta manera tiende a convertirse en el único método operacional de la planificación urbana. Es imprescindible una visión estructural y fundamental y horizontes a largo plazo.

En el marco actual, las formas urbanas privatizadas y cerradas generan procesos inversos al deseable desarrollo de integración de los habitantes en todas las capas del desarrollo urbano y social. El derecho de todos a la ciudad nunca ha sido más necesario que ahora. Por otra parte, el Estado se debilita y pierde poder económico y político.

Conclusión

¿Qué hacer ante la proliferación de formaciones tales como los espacios cerrados, que favorecen la reproducción de ciudades sin ciudadanos y sin citadinos verdaderos?

Entre las principales contradicciones de la ciudad, tenemos aquélla que consiste en seguir erigiendo formas de y para la segregación voluntaria y la fractura social, que simulan excluir el caos, la pluralidad y el conflicto. No puede entonces haber proyecto social de ciudad, si es ésta el resultado de una suma de lógicas individuales y de reacciones defensivas.

Nuestras ciudades necesitan políticas diferentes. Como algunos autores lo mencionan a continuación, no podemos pretender contribuir a la construcción de una ciudad democrática y solidaria ante la carencia de respuestas oficiales convenientes (Cabrales y Canosa), sin luchar contra la sociedad de exclusiones y segregaciones, sin proveerse de los medios para desarrollar una cultura de participación efectiva en la toma de decisiones.

Es absolutamente necesario luchar por la construcción de un nuevo urbanismo que trabaje en estos términos de coherencia pública, como lo menciona Rodrigues Soares respecto a Brasil, donde existe recientemente una creciente preocupación por el tema de la reforma urbana con la movilización de la sociedad civil.

La tendencia actual muestra aumento de conflictos y de inestabilidad social. El camino para afrontarlos no es protegerse ni encerrarse, sino fortalecer el Estado y su capacidad de hacer Política justa capaz de implementar soluciones adecuadas a los valores adquiridos y de orientar los procesos en términos del bien público. Sabemos que el sistema económico que califica las relaciones sociales desde el siglo pasado y que se ha fortalecido, complejificándose con la mundialización, es estructuralmente injusto.

El verdadero trabajo esta por comenzar. Hay al menos tres campos de labor: el académico, fortaleciendo conocimientos interdisciplinarios, donde las ciencias sociales y humanas tienen mucho qué hacer y decir en términos de la identificación de obstáculos, del descubrimiento de las ilusiones y de la penetración de las intenciones. El campo técnico, donde habrá qué fortalecer la relación entre la producción de éste conocimiento complejo y la toma de decisiones en el ámbito de la planificación urbana. Finalmente, el político, con el reforzamiento de la función del Estado y de sus políticas urbanas locales, capaces de establecer acuerdos gracias a proyectos comunes de transformación.

Germán Solinís, UNESCO


INVITA A LA CONFERENCIA

EL CONOCIMIENTO DEL FENÓMENO DE LA URBANIZACIÓN CERRADA EN LATINOAMÉRICA

de Luis Felipe Cabrales Barajas – Universidad de Guadalajara (México)

Miércoles 13 de noviembre, a las 15.30 horas
Auditorio de la Universidad Nacional de Luján
Ruta 5 y 7, Lujan, Buenos Aires.

Auspician: Embajada de México - Universidad de Guadalajara - UNESCO

Coordina: Cristina Teresa Carballo
Consultas: División Geografía - Departamento de Cs. Sociales - ccarba@mail.unlu.edu.ar.

 


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